¿Qué es la evolución?

Evolución implica cambios. Cuando hablamos de la evolución de las especies, estamos hablando de los cambios que se ven a lo largo del tiempo en la diversidad y adaptación de las poblaciones de organismos vivos. Es la acumulación de esos cambios en las poblaciones de seres vivos a lo largo del tiempo la que llega a producir nuevas especies. Así fue que se llegó de los primeros seres unicelulares que aparecieron sobre la Tierra hace 3500 millones de años, a todas las especies vivas que existen actualmente en el planeta. Todos estamos emparentados con ese ancestro común gracias a la evolución.

Charles Darwin Para comprender qué es la evolución y las pruebas de que es un hecho comprobado alcanza con que nos acerquemos a un espejo. Miren su cuerpo con atención. Van a ver una serie de características que nunca podrían haberse creado todas juntas en un mismo instante, ya que sino carecería totalmente de sentido, y quien fuese que lo hubiese hecho, estaría realmente borracho, o se trataba de un diseñador muy inepto. Miren el rostro, por ejemplo. Los ojos, la nariz, la boca, no aparecieron de forma simultanea en la historia evolutiva de nuestra especie humana. La abertura de la boca apareció en nuestra línea evolutiva hace 1000 millones de años, y esa boca la compartimos con miles de especies vivas actualmente que forman parte de esa misma línea evolutiva. Sonrían y miren los dientes. Estos aparecieron hace unos 400 millones de años, los labios rojos que los enmarcan apenas hace unos 4 a 2 millones de años. Y los ojos, son un poco más complejos, ya que las células fotosensibles que nos permiten capturar la luz aparecieron hace 600 millones de años, pero la pupila apareció, y las pestañas hace 200 millones.

El mismo ejercicio podemos realizar con cada parte de nuestro cuerpo, que nos permitiría ir recorriendo nuestra línea evolutiva que nos emparenta primero con los Primates, luego con el resto de los mamíferos, con los demás animales, y el resto de los seres vivos del planeta, incluyendo plantas, insectos y bacterias. Para ahondar un poco en este tema los invito a leer este artículo y mi libro Modelo para armar. Pero sigamos con qué es la evolución.

Lo que conocemos como evolución podría decirse que consta de tres partes: El proceso general del cambio en las especies y poblaciones de seres vivos, que es un hecho científico establecido; la historia del arbusto ramificado de la vida y el origen de los diferentes grupos de seres vivos; y por último la forma en que esa evolución actúa, que todavía hoy en día se sigue estudiando.

La evolución es un hecho, la forma en que esta actúa es una teoría. El hecho fue y sigue siendo comprobado de la misma forma en que se estudia la historia de ese arbusto ramificado de todas las especies que existen y existieron: gracias a los fósiles, a la biología y a la genética, dos ciencias que también son clave también para estudiar la evolución humana.

Historia de la Evolución

La evolución comenzó a estudiarse y a explicarse de forma científica en 1809, cuando el naturalista francés Jean Baptiste de Lamarck, quién centró su atención en el proceso de cambio a lo largo del tiempo, lo que parecía una progresión de la naturaleza desde los organismos visibles más pequeños hasta los animales y las plantas más complejos. De allí parte el error que hoy se sigue repitiendo entre quienes no comprenden bien cómo funciona la evolución que es la de creer que evolución es igual a progreso. Cincuenta años después, en 1859, la evolución recibía un espaldarazo increíble, y se asentaba ya como un hecho comprobado, sin lugar a duda dentro de la biología, a la vez que iniciaba el debate de cómo es que esa evolución actúa.

Hablamos de la fecha en que se publicó el libro El origen de las especies, de Charles Darwin. ¿Pero por qué Darwin y evolución son sinónimo hoy en día? Y es que Darwin introdujo cambios fundamentales en la forma de ver y explicar la evolución. Cambios que dejaron totalmente fuera cualquier tipo de explicación metafísica, y la alejó por completo de la intervención divina. La obra de Darwin estaba basada exclusivamente en fenómenos empíricos fundados.

Darwin cambió de forma fundamental la forma de ver la naturaleza y la forma de ver el mundo que nos rodea, e incluso cómo nos vemos nosotros en él mismo. Darwin propició que el hombre fuese quitado del centro del mundo natural, y fuese convertido en uno más de los animales, uno más dentro de la naturaleza. Quebró el equilibro delicado que existía entre ciencia y religión. Y presentó tantas pruebas a favor que muchos biólogos y naturalistas comenzaron a defender sus ideas fervientemente y así comenzó la guerra que tuvieron que lidiar contra el orden establecido, contra la idea de intervención divina en la evolución de las especies. Darwin dio un vuelco al pensamiento científico de la época, y quedó eternamente asociado al término evolución, porque fue el primero en volverlo masivo y en presentar evidencias científicas en cantidad y científicamente explicadas sobre su mecanismo.

Macroevolución y microevolución

La evolución actúa en dos escalas diferentes, una es la microevolución, que es cuando los cambios ocurren en pequeña escala, en una población a lo largo de varias generaciones. Los cambios ocurren por las llamadas fuerzas de la evolución: mutación, flujo génico, deriva génica, y también por la selección natural. Cuando hablamos de escalas mucho mayores, como con la aparición de nuevas especies (especiación), o la extinción de especies, o los cambios evolutivos ocurridos en largos períodos de millones y millones de años, nos referimos a la macroevolución. Al hacer esta distinción entran en juego los mecanismos por los que actúa la evolución, que está en debate constante entre los científicos, a la luz de cada nuevo descubrimiento fósil y genético, así es que lo veremos en un artículo aparte: ¿Cómo funciona la evolución?

Argumentos a favor de la Evolución

La evolución es un hecho comprobado, como decíamos antes. Pero, ¿sobre qué argumentos descansa esta confianza de que es un hecho comprobado?

En palabras de Stephen J. Gould, gran biólogo evolutivo y divulgador, “tenemos evidencias directas abundantes, procedentes de la observación, de la evolución en acción, tanto en el campo como en el laboratorio. Esta evidencia va desde incontables experimentos acerca del cambio, en casi cualquier cosa, en las moscas del vinagre sometidas a selección artificial en el laboratorio, hasta las famosas poblaciones de polillas británicas que se volvieron negras cuando el hollín industrial oscureció los árboles sobre los que se posaban”.

Los demás argumentos a favor de la evolución no descansan sobre la observación directa, sino sobre la inferencia, que no por eso son menos seguros. Los grandes cambios evolutivos requerirían generaciones enteras para una observación directa. Por eso debemos inferir a partir de los resultados que nos rodean, como son los organismos vivientes actuales y el estudio de los restos fósiles, que son la evidencia registrada en la piedra de cómo fue la vida en el pasado, hace miles y millones de años.

Al observar la naturaleza, como veíamos en el caso de nuestro rostro, vemos que no es perfecta, esta imperfección pone de relieve la evolución. Perece irónica esta afirmación, ya que el saber popular suele hacer creer que la evolución debería ser elegante, y llevarnos al progreso y a la perfección, pero no es así. La imperfección observada en la naturaleza registra la historia de la descendencia, como veíamos al principio. ¿Por qué sino un ratón corre, un murciélago vuela, un delfín nada, y un humano escribe esto con los mismos huesos y miembros? Todas esas criaturas mencionadas son mamíferos, que en algún momento del pasado tienen un ancestro común, pero que por alguna razón han seguido caminos evolutivos diferentes, con adaptaciones a medios totalmente distintos. (Si bien los ratones y los murciélagos se pueden ver en nuestras casas)

Si no fuese porque la evolución actúa, y todos los seres vivos actuales evolucionaron de un antepasado común hace 3500 millones de años, entonces el ingeniero que hubiese creado de cero a eso animales que mencionábamos recién, les habría hecho unas extremidades mejoras, especiales para cada uno de ellos, y para cada ecosistema en el que viven.

La otra gran argumentación a favor de la evolución es el registro fósil, en el que se ven las formas transicionales, que el saber popular suele llamar “eslabones perdidos”. Veamos un ejemplo. La mandíbula de los reptiles contiene varios huesos. La de los mamíferos, de los cuales formamos parte, tiene un único hueso. Los mamíferos descienden de un antepasado común con los reptiles actuales, así es que se puede ver en el registro fósil, es decir en los restos que han descubierto los paleontólogos, que la mandíbula en los mamíferos se ha ido convirtiendo, con el paso del tiempo, en un único hueso, pero no por fusionarse, sino porque los otros huesos se corrieron hacia otro sitio, hacia el oído, son esos huesecillos que nos ayudan a escuchar: el martillo y el yunque. Los paleontólogos han descubierto un linaje de reptiles mamiferoides (terápsidos) que eran efectivamente una forma transicional entre una mandíbula plenamente reptil y una mamífera. Como este ejemplo, hay miles, y en nuestra propia evolución humana tenemos muchas de estas formas transicionales o eslabones perdidos no tan perdidos.

 

Más sobre Evolución

Artículos recomendados