Adaptaciones molestas que nos ha legado la evolución

A la evolución no la guía nadie, ni nada, es totalmente azarosa. En un grupo de seres vivos dado, nosotros, por ejemplo, surge una mutación, si esa mutación se esparce por el grupo, gracias a que se traspasa de padres a hijos, y resulta que esa mutación en particular hace que algún gen produzca, por ejemplo, más melanina, que hace nuestra piel más oscura, y da la casualidad que el grupo en cuestión vive siempre fuera, al sol, entonces esa mutación resultará ventajosa, y tendrá posibilidades de seguir pasando de generación en generación por acción de la selección natural. Ahora, si esa mutación hubiese aparecido en una población que vive en una región con poco sol, no habría resultado para nada beneficiosa, ya que la gente necesita de la vitamina B, y debería tener la piel clara, entonces ni chances habría tenido de esparcirse por el grupo.

¿Qué queremos decir con esto? Las adaptaciones no aparecen porque exista una necesidad de ellas, sino que surgen, y si resultan beneficiosas para la adaptación del grupo al medio en el que viven, serán adoptadas por el grupo. Así es como terminamos siendo simios desnudos, sin pelo, o nos ahogamos cuando comemos y hablamos a la vez, o nos duele mucho cuando nos patean en los testículos, al menos a los hombres, o se nos tuercen todos los dientes, o algunos somos tolerantes a la leche, y otros no, y así. La evolución actúa, y sigue actuando en nosotros los humanos. Un par de ejemplos son los que enumeraremos a continuación: